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TRES HOMILÍAS

Calendario Tercera Homilía del 08.06.2019

P. Tobias Keßler cs

Queridos hermanos y hermanas, Ayer he estado en la misa de las naciones en el Dom de Frankfurt. En esa misa se reúnen los feligreses de todas las comunidades de diversas lenguas maternas y también personas de la comunidad del Dom. Cabe bien celebrar la misa de las naciones en la fiesta de Pentecostés, visto que Pentecostés es el símbolo de la humanidad reconciliada donde todos se entienden a pesar de las diferencias. En Frankfurt, la misa de las naciones ya tiene una tradición de muchos años, pero ayer hubo una novedad: hubo dos coros de comunidades diferentes que cantaron juntos. Fue nuestro coro y el coro de la comunidad italiana. Ha sido una señal muy bonita. Como dijo el decano en su homilía, Pentecostés no es simplemente juntarse y estar uno al lado del otro. Pentecostés es cuando hay comunión entre los diversos. Es ese también el tema que hoy quiero seguir profundizando con ustedes.
La semana pasada hemos reflexionado sobre dos tipos muy diferentes de la ascensión: el intento fracasado de los protagonistas de Babel de subir al cielo y, por otro lado, la ascensión de Jesús que presupone la bajada de la encarnación y de la muerte en cruz. También hemos reflexionado sobre la bajada de la nueva Jerusalén, la ciudad preparada por Dios y abierta a todos. Hoy, con la ayuda de la primera lectura del libro del profeta Jeremías, quiero profundizar con ustedes este tema de la nueva Jerusalén. De verdad, Jeremías tiene una visión estupenda que nos puede iluminar sobre nuestro llamado como comunidad católica de habla española aquí en Frankfurt.
Jeremías escribe a los deportados en el exilio de Babilonia: estos tienen sus maletas siempre listas para regresar a Jerusalén. Jeremías como profeta escribe su carta hablando en el nombre de Dios; invita a la gente a mirar hacia adelante, no hacia atrás. Para cumplir con su tarea, el profeta utiliza las imágenes de la creación del mundo en el libro de Génesis: la de plantar jardines y comer de sus frutos, la de multiplicarse y no disminuir. En el nombre del Señor, Jeremías invita a los exiliados a un acto de creación en el extranjero! Invita incluso a formar matrimonios mixtos, y termina diciendo: "Buscad la prosperidad de la ciudad a la que os he deportado y rogad al Señor por ella, porque de su prosperidad depende vuestra prosperidad".

¿Cómo se debe entender esto? Jeremías está diciendo: en el exilio, Dios está con ustedes y con ustedes quiere crear algo nuevo! Jeremías no ve al exilio como una casualidad, sino como parte del plan divino de la salvación. En otras palabras, los exiliados tienen un llamado por ser tales. En la visión del profeta, el lugar del exilio se convertirá en el lugar de la promesa: ¡No en la tierra de origen, sino aquí, Dios crea un futuro con ustedes y para ustedes! Babilonia, la ciudad de los opresores, está destinada a convertirse en una Nueva Jerusalén.
Frankfurt es bastante internacional; con esto ya cumple las condiciones formales para la creación de una ciudad de Dios, una nueva Jerusalén. ¿Qué es lo que hace falta para que de verdad se convierta en el lugar de la promesa?

Situación y consecuencias para la población local, en este caso los alemanes

En cualquier sociedad, con el tiempo se crea un orden social. Este orden es un logro, el resultado de muchos esfuerzos y conflictos. Por eso la población local tiene mucha motivación para defender el orden establecido. La llegada de los migrantes confunde de alguna manera el orden social y implica posibles cambios a los cuales la población local instintivamente se opone, porque le molesta. Pero para los creyentes, todo esto no pasa de casualidad: es parte del plan divino de salvación. De hecho, Dios mismo cuestiona el orden social. Lo hemos visto con la narración de la torre de Babel: Dios intervino para liberar a los oprimidos. Lo vemos en la vida de Jesús que cuestiona el sistema establecido para volverlo más humano. En el evangelio de San Lucas encontramos la expresión (Lc 12,49): "He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!" Como Jesús, el extranjero tiene el carisma de traer otra perspectiva, y por eso tiene el llamado de inquietar el orden establecido. Debido a esto, para responder a su vocación de Cristianos, en el contexto de migración, los nativos deben dejarse inquietar por la presencia de Dios en los migrantes.

¿Y qué implica la visión de Jeremías para los que llegan?

El nombre de la misión es "Misión/Comunidad Católica de lengua española". La lengua en común es solo una de las características. El ser católico también forma parte de la identidad de los fieles de nuestra comunidad. Y "Católico" literalmente significa "relacionado con todos y con todo". Antes de ser una característica humana, el ser "Católico" es una característica de Dios mismo: él es Católico, él es relacionado con todos y con todo, porque él es el creador de todo y de todos: de la mujer y del hombre, del chileno como del venezolano, del musulmán como del cristiano etc. etc. Ahora, para los que llegan, los extranjeros son los nativos, en nuestro caso los alemanes. Por eso, mientras los migrantes tengan vocación de inquietar y de cuestionar el sistema, al mismo tiempo tienen llamado de dejarse inquietar por los nativos. Es de esa forma que sale a la superficie el significado teológico de la diferencia que es la siguiente: la diferencia, en el plan de Dios, es el motor de la vida que permite a cada persona y a cada grupo de crecer en la capacidad de relacionarse y de madurar su plena identidad delante de Dios y delante del mundo.
Las condiciones no son idénticas. Los migrantes ya han dejado mucho. Ese despojo necesita ser reconocido como aporte a la construcción de relaciones de comunión. Por eso, mientras los migrantes son llamados a no parar, es necesario que los nativos empiecen a hacer su parte, poniéndose en marcha ellos también. Es importante que cada parte haga su tarea como está previsto en el plan de Dios.
Quiero terminar con una pregunta: ¿Qué es lo que hace falta, para que nuestra comunidad, a diferencia de la comunidad de Babel, llegue a ser imagen de la Jerusalén celestial, ciudad de paz abierta a todos los demás? Confío que el Espíritu Santo nos guiará en esa búsqueda. Amén.

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